Convencido que nuestra generación
es el verdadero cambio. Sabiendo lo trabajoso y complicado que es crear un
producto audiovisual de calidad. Teniendo en cuenta que nuestro objetivo como
Comunicadores Sociales es informar, entretener y educar. Los Periodistas
Audiovisuales de la Promoción XX de la Universidad Santa María compartimos con
el mundo, nuestro documental sobre el Stand Up Comedy, al cual titulamos Venezuela
es un chiste. Disfrútenlo.
martes, 3 de septiembre de 2013
viernes, 5 de julio de 2013
Indentidad Inducida
El largometraje La Ola dirigido por
Dennis Gansel (2008) , está basado en un libro del escritor estadunidense Todd
Strasse (1981), inspirado en un hecho real ocurrido en una preparatoria llamada
Cubberley High School en Palo Alto, California, Estados Unidos. En la película
ambientada en la Alemania actual, se narra la historia de un profesor atípico,
creativo, motivador, que desea impartir la clase de Anarquía, pero por su peculiar
personalidad, otro docente se adelanta y toma esa asignatura, ocasionando que
el profesor Rainer Wenger, asuma la catedra de Autocracia. Tema que no le
interesa por no ser compatible con su personalidad.
El termino Autocracia proviene del griego Autos (uno mismo) y kratos
(gobierno o poder). El educador Rainer Wenger tomó como ejemplo la dictadura de
Adolfo Hitler para explicarle a sus alumnos el concepto político de la
asignatura. Los alumnos hartos de que les hablen de los nazis y esa penosa
historia que les antecede, manifiestan a su profesor que es imposible que una
dictadura como la de El Führer tenga cabida en el siglo XXI.
Rainer Wenger lleva a cabo un experimento en el salón de clases, implantando
un régimen militarista, haciendo del aula de clases una micro sociedad con
nombre y vestimenta propios, asignando responsabilidades a los integrantes de
este nuevo colectivo estudiantil, y atribuyéndose el cargo de Líder exhortando
a los alumnos a que lo llamaran: Señor
Wenger.
En busca de
identidad Grupal
Las individualidades de los
alumnos florecen tal cual como en la sociedad de un país, está el sujeto que
tiene todo lo que desea, ropa, dinero pero siente que todavía le falta algo
para que su vida esté completa. También están los que utilizan la violencia
para fastidiar a los demás sin alguna razón aparente, están los que se sienten
diferentes y desean ser vistos como uno igual y están los que no pertenecen a
ninguna tribu, a ningún equipo y desean ser aceptados por algo o alguien.
Desde luego es fundamental la existencia del líder carismático con poder
de convencimiento, capaz de persuadir e inspirar admiración al resto del grupo.
Un personaje con estas características es sumamente necesario para que una
estructura de este tipo se erija exitosamente sobre las otras.
Dando como un hecho que para que exista un régimen totalitarista o
dictatorial en un país, deben existir ciertas estructuras sociales, altos
niveles de desempleo, inseguridad, ineficiencia política, entre otras cosas. La
micro sociedad creada por el profesor Rainer Wenger, llamada “La Ola”, le dio
la oportunidad a los excluidos de integrarse al grupo, les dio una idea que
defender, un equipo al cual pertenecer con orgullo, una razón para sentirse
superiores, para justificar la violencia contra los que se oponen a sus
creencias impuestas por el líder.
De esta manera los alumnos entendieron y experimentaron en carne propia
lo que se conoce como fascismo, utilizando herramientas comunicacionales como
el grafiti para hacer propaganda en la ciudad. Excluyendo de las reuniones
sociales a los que no pertenecieran a “La Ola”, pues, estaban convencidos de
que todo lo que tuviera que ver con su colectivo estudiantil estaba bien y todo
lo que estuviese fuera de ese círculo de uniformados estaba mal. Pasando por
encima de quien sea, defendiendo una identidad, una ideología.
Los
venezolanos somos otra cosa
Es común en nuestro país escuchar que aquí se aplica la “ley del más vivo”, que cuando todos van, nosotros ya
estamos de regreso. Existen creencias que sostienen que los venezolanos somos
“panísimas”, tolerantes con el prójimo, generosos sin importar las clases
sociales. Basta con observar un sketch del programa de producción nacional A
que te ríes, para que este hermoso mito sobre nosotros, tambalee.
Un ejemplo puntual. Relato un spot publicitario de una compañía
telefónica que hace unos meses salía por la televisión nacional: Una joven se
prueba unos zapatos en una tienda de un centro comercial, indecisa, le pregunta
a su novio cuál de los dos pares me queda mejor. El novio le responde: “yo
diría que los amarillos porque te hacen ver más alta y delgada y la forma de la
pierna se te ve como mejor, aparte, el tono de esos zapatos combina con el
vestido que compramos”. Justo después de la opinión del chico, suena un pito
burlón, y una voz en off dice: definitivamente debes hablar más con tus panas.
Y anuncian el producto que estaban vendiendo.
Algo de inteligencia publicitaria debe haber para que se asocie una
marca con el machismo, con la intolerancia a lo diferente como fórmula de
relación social.
Me atrevo a citar al colega
Alberto Barrera Tyszka en su libro Alta Traición, Cuando el señor Hugo Chávez
llegó a la presidencia en 1999, “tocó
afectivamente unas honduras ciertas, que nos pertenecen a todos. Hizo crujir
nuestros mitos. Sin proponérselo deliberadamente. Sin tener conciencia de ello.
Porque ya después, en la enfermedad política, en la única pasión de concentrar
y prolongarse en el poder, azuzó sin ninguna dirección todas nuestras miserias.
Pulió los resentimientos, alimentó con yodo las heridas, puso a hervir, de lado
y lado, lo peor de nosotros mismos… no criticar y no combatir su gestión de
gobierno, infantilmente llamada ¨revolución¨, sería tan suicida como negarnos a
ver el país que él también dejó al descubierto.”
Los venezolanos como sociedad
tenemos muchas debilidades, que se suman a la presencia de una personalidad
como la de Hugo Chávez, de líder natural, carismático, disciplinado, humilde y
ordinario. Da como resultado una masa amorfa de todos los estratos sociales:
militares, civiles, de derecha, de izquierda, estudiados y en su mayoría
personas muy pobres, sin voz, desamparadas, huérfanas políticamente que
encontraron en el difunto presidente una puerta al mundo, una luz al final del
túnel con cierto matiz de esperanza.
Igual como sucedió en la película La Ola, pero a mucho mayor escala, el
experimento se salió de control, desde hace un tiempo y por lo visto seguirá así
por un tiempo más. Hay personas que piensan que las cosas tomarán otro rumbo
cuando se levante de las tinieblas otro líder, alguien capaz, con fuerza
mental, lo suficiente para soportar amenazas, insultos, negativas opiniones.
Alguien que esté dispuesto a sacrificar su vida por un cambio positivo, por un
país mejor organizado. Aunque sabemos que las limitaciones no están en las
fronteras sino en los cerebros de las personas, es absurdo sentarnos a esperar
que aparezca el superhombre y haga el milagro. Desde nuestra casa, desde
nuestra oficina, desde nuestra aula de clase, con trabajo, con educación y con
humildad debemos actuar no como lo hacemos siempre, sino de una manera distinta
para poder conocer circunstancias diferentes en nuestro entorno. No podemos
exigir cambios actuando de la misma manera como lo hemos hecho en todos estos
años, debemos ser el cambio. Somos el cambio. Nosotros los jóvenes de la mal
llamada “generación nintendo” somos la llave maestra de esa puerta al primer
mundo, al único mundo. En el cual siempre hemos vivido y pocas veces nos hemos
sentido parte de él.
sábado, 12 de marzo de 2011
Claudio Napolitano Maestro de la Fotografía

La necesidad de transmitir ideas y pensamientos a través de las imágenes fue lo que llevó a Claudio Napolitano a realizar fotos como la que acaban de ver, un príncipe en la azotea de un edificio en Terrazas del Ávila y al fondo el barrio Petare, uno de los cinco lugares más peligrosos del planeta, donde mueren tantos niños como en Bagdad. Claudio Napolitano quería reflejar en esta foto el alto contraste entre clases sociales que existe en Caracas, donde hay gente muy rica y gente muy pobre viviendo en la misma ciudad.

En esta fotografía Claudio Napolitano intenta mostrar la emoción, la inocencia y las ganas de ser feliz de los niños de nuestro país, aun viviendo en un ambiente hostil y de caos.
Con esta serie de fotos realizadas a niños, Claudio Napolitano participó en un concurso en Dinamarca en el 2010, realizado por Hasselblad el fabricante de cámaras más prestigioso del mundo, Hasselblad es la marca de las cámaras que usan en la NASA para realizar fotografías fuera de la órbita terrestre.
En ese concurso participaron más de 3.000 fotógrafos de todo el mundo y había más de 10.000 fotografías, Claudio Napolitano fue elegido el ganador en la categoría de retratos por una serie de fotos que les hizo a venezolanos mayores de 70 años en sus hogares, esa serie de fotografías las llamó “Misión Cumplida”.

El área de la fotografía que más prefiere este caraqueño de Cumbres de Curumo, es la publicidad conceptual e inteligente. Napolitano vive actualmente en Estados Unidos, estudió publicidad audiovisual en Madrid y ciencias pedagógicas en Caracas. Al salir del país no intento emular el estilo de los gringos o de los europeos, sino llevar y establecer su propio estilo, su identidad como ser humano y como venezolano. Su obra se centra en una declaración social a través de imágenes llenas de contenido social. Es fotógrafo desde hace 25 años y aunque este año que pasó fue en el que menos ganó dinero, se siente satisfecho con su trabajo porque lo realizo con pasión y “cuando haces lo que te gusta no importa si ganas o pierdes.” afirmó Claudio Napolitano via correo electronico.

martes, 9 de noviembre de 2010
El teatro cuestiona a la TV

La casa del artista fue el lugar elegido por Carlos, un aficionado a la televisión que decidió secuestrar al presidente del canal 7 para expresarle su desacuerdo con la programación transmitida.
“El Animador”, una obra de teatro dirigida por Rodolfo Santana y protagonizada por Jesús Seijas y Simón Pestana. Hacen un llamado de conciencia a los dueños de los medios audiovisuales, incitándolos a ser más responsables al momento de utilizar esta herramienta tan importante que, tiene la fuerza y la capacidad de transformar el mundo gracias a la influencia que tiene sobre las personas.
El carisma de los actores entretiene al público en un “viaje” de dos horas entre risas, baile, música y reflexiones. A pesar que la obra escrita por Rodolfo Santana se estrenó por primera vez hace 33 años en el teatro Alberto de Paz y Mateos, aún sigue vigente, es una protesta a la ética, la conducta y al margen expresivo de la televisión nacional.

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