viernes, 5 de julio de 2013

Indentidad Inducida



     El largometraje La Ola dirigido por Dennis Gansel (2008) , está basado en un libro del escritor estadunidense Todd Strasse (1981), inspirado en un hecho real ocurrido en una preparatoria llamada Cubberley High School en Palo Alto, California, Estados Unidos. En la película ambientada en la Alemania actual, se narra la historia de un profesor atípico, creativo, motivador, que desea impartir la clase de Anarquía, pero por su peculiar personalidad, otro docente se adelanta y toma esa asignatura, ocasionando que el profesor Rainer Wenger, asuma la catedra de Autocracia. Tema que no le interesa por no ser compatible con su personalidad.

     El termino Autocracia proviene del griego Autos (uno mismo) y kratos (gobierno o poder). El educador Rainer Wenger tomó como ejemplo la dictadura de Adolfo Hitler para explicarle a sus alumnos el concepto político de la asignatura. Los alumnos hartos de que les hablen de los nazis y esa penosa historia que les antecede, manifiestan a su profesor que es imposible que una dictadura como la de El Führer tenga cabida en el siglo XXI.

     Rainer Wenger lleva a cabo un experimento en el salón de clases, implantando un régimen militarista, haciendo del aula de clases una micro sociedad con nombre y vestimenta propios, asignando responsabilidades a los integrantes de este nuevo colectivo estudiantil, y atribuyéndose el cargo de Líder exhortando a  los alumnos a que lo llamaran: Señor Wenger.


 En busca de  identidad Grupal
      Las individualidades de los alumnos florecen tal cual como en la sociedad de un país, está el sujeto que tiene todo lo que desea, ropa, dinero pero siente que todavía le falta algo para que su vida esté completa. También están los que utilizan la violencia para fastidiar a los demás sin alguna razón aparente, están los que se sienten diferentes y desean ser vistos como uno igual y están los que no pertenecen a ninguna tribu, a ningún equipo y desean ser aceptados por algo o alguien.

     Desde luego es fundamental la existencia del líder carismático con poder de convencimiento, capaz de persuadir e inspirar admiración al resto del grupo. Un personaje con estas características es sumamente necesario para que una estructura de este tipo se erija exitosamente sobre las otras.

     Dando como un hecho que para que exista un régimen totalitarista o dictatorial en un país, deben existir ciertas estructuras sociales, altos niveles de desempleo, inseguridad, ineficiencia política, entre otras cosas. La micro sociedad creada por el profesor Rainer Wenger, llamada “La Ola”, le dio la oportunidad a los excluidos de integrarse al grupo, les dio una idea que defender, un equipo al cual pertenecer con orgullo, una razón para sentirse superiores, para justificar la violencia contra los que se oponen a sus creencias impuestas por el líder.

      De esta manera los alumnos entendieron y experimentaron en carne propia lo que se conoce como fascismo, utilizando herramientas comunicacionales como el grafiti para hacer propaganda en la ciudad. Excluyendo de las reuniones sociales a los que no pertenecieran a “La Ola”, pues, estaban convencidos de que todo lo que tuviera que ver con su colectivo estudiantil estaba bien y todo lo que estuviese fuera de ese círculo de uniformados estaba mal. Pasando por encima de quien sea, defendiendo una identidad, una ideología.

Los venezolanos somos otra cosa

     Es común en nuestro país escuchar  que aquí se aplica la “ley del  más vivo”, que cuando todos van, nosotros ya estamos de regreso. Existen creencias que sostienen que los venezolanos somos “panísimas”, tolerantes con el prójimo, generosos sin importar las clases sociales. Basta con observar un sketch del programa de producción nacional A que te ríes, para que este hermoso mito sobre nosotros, tambalee.

     Un ejemplo puntual. Relato un spot publicitario de una compañía telefónica que hace unos meses salía por la televisión nacional: Una joven se prueba unos zapatos en una tienda de un centro comercial, indecisa, le pregunta a su novio cuál de los dos pares me queda mejor. El novio le responde: “yo diría que los amarillos porque te hacen ver más alta y delgada y la forma de la pierna se te ve como mejor, aparte, el tono de esos zapatos combina con el vestido que compramos”. Justo después de la opinión del chico, suena un pito burlón, y una voz en off dice: definitivamente debes hablar más con tus panas. Y anuncian el producto que estaban vendiendo.  Algo de inteligencia publicitaria debe haber para que se asocie una marca con el machismo, con la intolerancia a lo diferente como fórmula de relación social.

     Me atrevo a citar al colega Alberto Barrera Tyszka en su libro Alta Traición, Cuando el señor Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999,  “tocó afectivamente unas honduras ciertas, que nos pertenecen a todos. Hizo crujir nuestros mitos. Sin proponérselo deliberadamente. Sin tener conciencia de ello. Porque ya después, en la enfermedad política, en la única pasión de concentrar y prolongarse en el poder, azuzó sin ninguna dirección todas nuestras miserias. Pulió los resentimientos, alimentó con yodo las heridas, puso a hervir, de lado y lado, lo peor de nosotros mismos… no criticar y no combatir su gestión de gobierno, infantilmente llamada ¨revolución¨, sería tan suicida como negarnos a ver el país que él también dejó al descubierto.”


          Los venezolanos como sociedad tenemos muchas debilidades, que se suman a la presencia de una personalidad como la de Hugo Chávez, de líder natural, carismático, disciplinado, humilde y ordinario. Da como resultado una masa amorfa de todos los estratos sociales: militares, civiles, de derecha, de izquierda, estudiados y en su mayoría personas muy pobres, sin voz, desamparadas, huérfanas políticamente que encontraron en el difunto presidente una puerta al mundo, una luz al final del túnel con cierto matiz de esperanza.

      Igual como sucedió en la película La Ola, pero a mucho mayor escala, el experimento se salió de control, desde hace un tiempo y por lo visto seguirá así por un tiempo más. Hay personas que piensan que las cosas tomarán otro rumbo cuando se levante de las tinieblas otro líder, alguien capaz, con fuerza mental, lo suficiente para soportar amenazas, insultos, negativas opiniones. Alguien que esté dispuesto a sacrificar su vida por un cambio positivo, por un país mejor organizado. Aunque sabemos que las limitaciones no están en las fronteras sino en los cerebros de las personas, es absurdo sentarnos a esperar que aparezca el superhombre y haga el milagro. Desde nuestra casa, desde nuestra oficina, desde nuestra aula de clase, con trabajo, con educación y con humildad debemos actuar no como lo hacemos siempre, sino de una manera distinta para poder conocer circunstancias diferentes en nuestro entorno. No podemos exigir cambios actuando de la misma manera como lo hemos hecho en todos estos años, debemos ser el cambio. Somos el cambio. Nosotros los jóvenes de la mal llamada “generación nintendo” somos la llave maestra de esa puerta al primer mundo, al único mundo. En el cual siempre hemos vivido y pocas veces nos hemos sentido parte de él.

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