El largometraje La Ola dirigido por
Dennis Gansel (2008) , está basado en un libro del escritor estadunidense Todd
Strasse (1981), inspirado en un hecho real ocurrido en una preparatoria llamada
Cubberley High School en Palo Alto, California, Estados Unidos. En la película
ambientada en la Alemania actual, se narra la historia de un profesor atípico,
creativo, motivador, que desea impartir la clase de Anarquía, pero por su peculiar
personalidad, otro docente se adelanta y toma esa asignatura, ocasionando que
el profesor Rainer Wenger, asuma la catedra de Autocracia. Tema que no le
interesa por no ser compatible con su personalidad.
El termino Autocracia proviene del griego Autos (uno mismo) y kratos
(gobierno o poder). El educador Rainer Wenger tomó como ejemplo la dictadura de
Adolfo Hitler para explicarle a sus alumnos el concepto político de la
asignatura. Los alumnos hartos de que les hablen de los nazis y esa penosa
historia que les antecede, manifiestan a su profesor que es imposible que una
dictadura como la de El Führer tenga cabida en el siglo XXI.
Rainer Wenger lleva a cabo un experimento en el salón de clases, implantando
un régimen militarista, haciendo del aula de clases una micro sociedad con
nombre y vestimenta propios, asignando responsabilidades a los integrantes de
este nuevo colectivo estudiantil, y atribuyéndose el cargo de Líder exhortando
a los alumnos a que lo llamaran: Señor
Wenger.
En busca de
identidad Grupal
Las individualidades de los
alumnos florecen tal cual como en la sociedad de un país, está el sujeto que
tiene todo lo que desea, ropa, dinero pero siente que todavía le falta algo
para que su vida esté completa. También están los que utilizan la violencia
para fastidiar a los demás sin alguna razón aparente, están los que se sienten
diferentes y desean ser vistos como uno igual y están los que no pertenecen a
ninguna tribu, a ningún equipo y desean ser aceptados por algo o alguien.
Desde luego es fundamental la existencia del líder carismático con poder
de convencimiento, capaz de persuadir e inspirar admiración al resto del grupo.
Un personaje con estas características es sumamente necesario para que una
estructura de este tipo se erija exitosamente sobre las otras.
Dando como un hecho que para que exista un régimen totalitarista o
dictatorial en un país, deben existir ciertas estructuras sociales, altos
niveles de desempleo, inseguridad, ineficiencia política, entre otras cosas. La
micro sociedad creada por el profesor Rainer Wenger, llamada “La Ola”, le dio
la oportunidad a los excluidos de integrarse al grupo, les dio una idea que
defender, un equipo al cual pertenecer con orgullo, una razón para sentirse
superiores, para justificar la violencia contra los que se oponen a sus
creencias impuestas por el líder.
De esta manera los alumnos entendieron y experimentaron en carne propia
lo que se conoce como fascismo, utilizando herramientas comunicacionales como
el grafiti para hacer propaganda en la ciudad. Excluyendo de las reuniones
sociales a los que no pertenecieran a “La Ola”, pues, estaban convencidos de
que todo lo que tuviera que ver con su colectivo estudiantil estaba bien y todo
lo que estuviese fuera de ese círculo de uniformados estaba mal. Pasando por
encima de quien sea, defendiendo una identidad, una ideología.
Los
venezolanos somos otra cosa
Es común en nuestro país escuchar que aquí se aplica la “ley del más vivo”, que cuando todos van, nosotros ya
estamos de regreso. Existen creencias que sostienen que los venezolanos somos
“panísimas”, tolerantes con el prójimo, generosos sin importar las clases
sociales. Basta con observar un sketch del programa de producción nacional A
que te ríes, para que este hermoso mito sobre nosotros, tambalee.
Un ejemplo puntual. Relato un spot publicitario de una compañía
telefónica que hace unos meses salía por la televisión nacional: Una joven se
prueba unos zapatos en una tienda de un centro comercial, indecisa, le pregunta
a su novio cuál de los dos pares me queda mejor. El novio le responde: “yo
diría que los amarillos porque te hacen ver más alta y delgada y la forma de la
pierna se te ve como mejor, aparte, el tono de esos zapatos combina con el
vestido que compramos”. Justo después de la opinión del chico, suena un pito
burlón, y una voz en off dice: definitivamente debes hablar más con tus panas.
Y anuncian el producto que estaban vendiendo.
Algo de inteligencia publicitaria debe haber para que se asocie una
marca con el machismo, con la intolerancia a lo diferente como fórmula de
relación social.
Me atrevo a citar al colega
Alberto Barrera Tyszka en su libro Alta Traición, Cuando el señor Hugo Chávez
llegó a la presidencia en 1999, “tocó
afectivamente unas honduras ciertas, que nos pertenecen a todos. Hizo crujir
nuestros mitos. Sin proponérselo deliberadamente. Sin tener conciencia de ello.
Porque ya después, en la enfermedad política, en la única pasión de concentrar
y prolongarse en el poder, azuzó sin ninguna dirección todas nuestras miserias.
Pulió los resentimientos, alimentó con yodo las heridas, puso a hervir, de lado
y lado, lo peor de nosotros mismos… no criticar y no combatir su gestión de
gobierno, infantilmente llamada ¨revolución¨, sería tan suicida como negarnos a
ver el país que él también dejó al descubierto.”
Los venezolanos como sociedad
tenemos muchas debilidades, que se suman a la presencia de una personalidad
como la de Hugo Chávez, de líder natural, carismático, disciplinado, humilde y
ordinario. Da como resultado una masa amorfa de todos los estratos sociales:
militares, civiles, de derecha, de izquierda, estudiados y en su mayoría
personas muy pobres, sin voz, desamparadas, huérfanas políticamente que
encontraron en el difunto presidente una puerta al mundo, una luz al final del
túnel con cierto matiz de esperanza.
Igual como sucedió en la película La Ola, pero a mucho mayor escala, el
experimento se salió de control, desde hace un tiempo y por lo visto seguirá así
por un tiempo más. Hay personas que piensan que las cosas tomarán otro rumbo
cuando se levante de las tinieblas otro líder, alguien capaz, con fuerza
mental, lo suficiente para soportar amenazas, insultos, negativas opiniones.
Alguien que esté dispuesto a sacrificar su vida por un cambio positivo, por un
país mejor organizado. Aunque sabemos que las limitaciones no están en las
fronteras sino en los cerebros de las personas, es absurdo sentarnos a esperar
que aparezca el superhombre y haga el milagro. Desde nuestra casa, desde
nuestra oficina, desde nuestra aula de clase, con trabajo, con educación y con
humildad debemos actuar no como lo hacemos siempre, sino de una manera distinta
para poder conocer circunstancias diferentes en nuestro entorno. No podemos
exigir cambios actuando de la misma manera como lo hemos hecho en todos estos
años, debemos ser el cambio. Somos el cambio. Nosotros los jóvenes de la mal
llamada “generación nintendo” somos la llave maestra de esa puerta al primer
mundo, al único mundo. En el cual siempre hemos vivido y pocas veces nos hemos
sentido parte de él.

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